Aprendizaje Integral

En 1993 el por entonces P. General de los Jesuitas, Peter-Hans Kolvenbach resumió nuestro objetivo como educadores en un colegio de la Compañía de Jesús como la formación de “hombres y mujeres competentes, conscientes, comprometidas y compasivas.” Creemos que se ha de entender esta formación dentro del marco de la creatividad, flexibilidad, y el trabajo en red que definen nuestro tiempo. Estamos convencidos de que el crecimiento humano y el crecimiento espiritual están inseparablemente asociados. Profundizando en la definición del P. General, lo que entendemos por persona consciente, competente, comprometida y compasiva es lo siguiente:

I. Persona Consciente – La formación de una consciencia para poder distinguir y discernir entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto, es necesaria para el bienestar del individuo y de la sociedad. Esta formación de consciencia se ve influida por la totalidad del entorno de la persona. La Educación Jesuita intenta formar personas libres y conscientes que utilizan sus consciencias personales para cambiar el mundo.

II. Persona Competente – La persona competente es capaz de crear, entender y utilizar el conocimiento y las habilidades para vivir en su propio contexto y transformarlo. Es capaz de ser parte de un mundo cambiante y diverso creando un proyecto de vida para los demás y con los demás. Es capaz de desarrollar las habilidades intelectuales, académicas, emocionales y sociales necesarias para la realización humana y profesional. Estamos comprometidos a renovar nuestras prácticas pedagógicas, curriculares y entornos escolares de acuerdo con los nuevos desarrollos pedagógicos que permiten que nuestras escuelas estén más cerca de nuestra visión ignaciana y de nuestra tradición ecléctica de combinar las mejores prácticas para servir a nuestra misión.

III. Persona Compasiva – La compasión no implica, sencillamente, sentir lástima por un individuo o un grupo de personas. Cualquiera puede sentir lástima, y no hacer nada. La compasión es un prerrequisito para la acción positiva; reconoce la dignidad humana, el valor de toda persona que nace. La compasión que lleva a la solidaridad debería movernos a abordar las estructuras de cualquier institución de modo que nosotros y nuestros alumnos podamos llegar a ser agentes de cambio, para poder continuar soñando el sueño de Dios.

IV. Persona Comprometida – La persona comprometida es una persona de acción valerosa. A través de nuestra apertura hacía la guía del Espíritu y la compañía con Jesús, él o ella podrá discernir las necesidades más urgentes de nuestros tiempos, para que nuestras maneras de servir sean tan ricas y tan profundas como nuestras maneras de amar. Constatamos que un compromiso ecológico para la reconciliación y sanación de la tierra, junto con el compromiso hacia la justicia social, son necesidades urgentes en la medida en que afectan a todas las personas del planeta.

Los centros de educación jesuita tenemos claro que los mayores retos de la transformación educativa en nuestro siglo exigen un enfoque sistémico; también requieren que actuemos en todos los ámbitos de nuestro entorno escolar: nuestra metodología, la organización de nuestros centros y aulas, y en el currículo académico.

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