Atención personalizada

Nuestra labor como educadores está basada en una filosofía jesuítica que se plasma en una serie de “libros de cabecera” y uno de ellos es Pedagogía Ignaciana. Este valioso documento contiene modos de proceder en la formación de nuestro alumnado y algunos tan concretos como el siguiente:

De la misma manera, la atención personal y la preocupación por el indivi­duo, que es un distintivo de la educación jesuítica, requiere que el pro­fe­sor conozca cuanto sea posible y conveniente de la vida del alumno. Y como la experiencia humana, punto de partida de la pedagogía ignaciana, nunca ocurre en el vacío, debemos conocer todo lo que podamos del con­texto concreto en el que tiene lugar el enseñar y el aprender. Como profe­so­res, por consiguiente, necesitamos entender el mundo del estudiante, inclu­yendo las formas en las que la familia, amigos, compañeros, la sub­cul­tura juvenil y sus costumbres, así como las presiones sociales, la vida esco­lar, la política, la economía, la religión, los medios de comunicación, el arte, la música, y otras realidades, están impactando ese mundo y afectan al estudiante para bien o para mal.

Cuando el texto dice “atención personal”, una frase que se podría generalizar a todo proceso de enseñanza-aprendizaje, lo que viene a continuación indica hasta qué punto es importante esa apuesta para los colegios de la Compañía. Continúa “requiere que el pro­fe­sor conozca cuanto sea posible y conveniente de la vida del alumno”, es decir, los educadores debemos interaccionar con aspectos de la vida de nuestros alumnos y no únicamente académicos.

La pretensión anterior desemboca, en la práctica, en una de las Señas de Identidad de este colegio, La Relación Alumno-Educador, entendido en sus dos modalidades, profesor y/o tutor:

  • Desde siempre en los colegios de jesuitas ha existido una figura de “acompañante”, bajo diferentes nombres, y ahora es el tutor o tutora. Éste es el que se acerca a sus alumnos, los convoca a su despacho o se reúne con ellos en los pasillos, para charlar de los estudios o de la vida. Respetando, por supuesto, la libertad de los jóvenes, por lo general se establece una relación entre tutor y tutorando que transciende el curso académico.
    El tutor centra la atención en su alumno y trabaja su crecimiento como persona, haciéndole reflexionar de forma crítica sobre aspectos académicos, familiares, sociales, etc. También es el tutor el encargado de mantener relación con las familias de su clase y el que representa a sus alumnos en las reuniones de evaluación.
  • La figura del tutor comentada arriba y el hecho de que la mayoría de los profesores sean tutores en un curso o en otro, hace que haya una cultura de proximidad en las relaciones entre profesores y alumnos. Esto abre mucho campo para poder atender personalmente a nuestros alumnos y alumnas en la clase: el profesor sabe perfectamente con quién está trabajando y el alumno conoce a ese que se le acerca de otras actividades y en otras facetas.

Por otra parte, el colegio ha evolucionado, Gracias Dios como toda la sociedad, en la ayuda a los alumnos y alumnas con algún tipo de trastorno de aprendizaje.

Antiguamente había en el centro una persona, profesional de la psicología, encargada de echar una mano en la orientación académica o cuando surgía algún problema. En estos momentos disponemos de un Departamento de Atención a la Diversidad y Orientación, formado por siete profesionales a tiempo completo.

Los problemas que surgen, ya sean afectivos, de aprendizaje, de relación, etc, se derivan a ese Departamento y desde ahí se toman las medidas necesarias. En todo caso, las “intervenciones” se realizan dentro del aula, es decir, apostamos por el modelo de escuela inclusiva y tratamos de ayudar a nuestros alumnos y alumnas dentro de su ambiente y no sacándole de él.

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